
La gran mayoría de las consultas que recibimos se relacionan con el deseo del paciente de optimizar o modificar tratamientos farmacológicos, prácticas diversas, algunas alternativas, y las más no científicas o caseras tendientes a calmar su dolor.
Ante todo debemos explicar que es totalmente impropio tratar de aliviar, intentar curar, abolir o mitigar el dolor o el sufrimiento sin conocer el diagnóstico certero y la causa etiológica precisa del mismo.
De aquella forma no cumplimos con los preceptos básicos de la medicina científica moderna, aplicamos una práctica temporaria, casual, un “salir del paso” que, como podrá imaginarse, termina irremediablemente en la recidiva, en el eterno volver a empezar o en el consabido “esto ya me lo dieron y no me hizo nada”.
No está mal tratar el dolor cuando se sabe que es el único síntoma y el diagnóstico no puede modificarse, pero en la mayoría de los casos no debe ser así.
Consecuentemente se desarrollaron diversos tipos de técnicas paliativas que se enfocaron en tratar muchas veces sin éxito perdurable los dolores del cuerpo. Siempre se debe intentar la resolución definitiva del problema optimizando los métodos diagnósticos apuntando a un certero y resolutivo tratamiento.
El diagnóstico de un hombro doloroso o de un dolor de rodilla puede tener implicancias diversas. El especialista en ortopedia y traumatología y no el “médico del dolor” tiene la primera palabra. Porque es la especialidad más acorde con la patología la que tiene que descartar todos los diagnósticos diferenciales para hallar la causa real y no la referida. Entonces en ese momento se tratará el dolor con concepto diagnostico y de la manera más apropiada.
Porque la manera mas apropiada no es siempre un medicamento o un bloqueo analgésico. Muchas veces es la cirugía la que calmará el dolor.
Es mucho mas segura una cirugía articular artroplástica por una artrosis de rodilla que por el resto de la vida depender de una medicación potencialmente agresiva para el estómago o duodeno.
Creemos que el tratamiento permanente del dolor debiera quedar relegado solamente para los dolores oncológicos diseminados cuyas causas y evolución son conocidas o a las excepciones.
El paciente se acerca al profesional cargado de esperanzas y muchos preconceptos y mitos que a veces distan de la realidad diagnóstica y terapéutica dificultando la consulta y la aceptación del tratamiento
El paciente que tiene un fuerte dolor en el muslo que se irradia hacia rodilla, difícilmente crea que se trate de una patología de cadera o aquel que refiere fuertes hormigueos (parestesias) en antebrazos o manos, comprenda que puede tratarse de una patología artrósica o discal de columna cervical.
Durante la consulta el paciente expresa sus miedos y sus dudas, sus experiencias en diferentes tratamientos y los resultados que hasta el momento obtuvo. Y ahí descubrimos que no sabe con exactitud cuál es la causa de su dolor.
Para llegar al Diagnóstico se deben cumplir estas pautas:
Este es el punto de partida.
Sin la implementación de estos pasos es imposible determinar la etiología de la enfermedad o el motivo de consulta.
Para cada caso existe una terapéutica actualizada. Y sólo el profesional determina el tratamiento.
El médico especialista es quién ha estudiado, analizado, investigado y puesto en práctica tratamientos avalados por entidades científicas como la Organización Mundial de la Salud, las Universidades reconocidas, las Sociedades Científicas en las diferentes disciplinas y demás referentes Académicos.
En todos los ámbitos encontramos seres, matriculados o no, que tienen siempre una respuesta para todo. Que dicen justo lo que el enfermo quiere escuchar, que venden terapias milagrosas con garantías absolutas y con eficacia total, que desaconsejan por decreto lo que profesionales actualizados y serios indican, y que desacreditan porque sí las prácticas indicadas, comprobadas y aceptadas por los estamentos más acreditados del mundo científico.
Los profesionales serios hablan con estadísticas y nunca dan garantías absolutas. De garantías hablan los charlatanes, los vendedores de ilusiones o los que quieren salvar su economía con tal o cuál aparatito recién adquirido y dudosa procedencia. Además existe un “Código de Etica de la Práctica Médica” que prohibe garantizar tratamientos.
Sólo Dios puede garantizar resultados en ciencias no exactas como la nuestra. Pero también Dios permite que las estadísticas se cumplan. Por lo menos así lo creemos cuando ponemos nuestras manos bajo su designio. Cuando hablamos de eficacias que superan el 85% estamos hablando de resultados más que alentadores. Porqué pensar en el 25% en contra.
Y cuando hablamos de medicamentos por boca o de infiltraciones articulares de qué porcentaje de éxito estamos hablando. ¿--?
Eso nadie lo pregunta. ¿--?
Muchas veces hay tratamientos mucho más peligrosos que una intervención quirúrgica.
No olvidemos que el desarrollo de la cirugía, de las prótesis, del instrumental, de los quirófanos, está también ligada y acorde a una franca evolución de las técnicas anestésicas, del uso de la computación en el cuidado del paciente, y de los actuales parámetros de bioseguridad anestésica y quirúrgica. De las modernas técnicas de aféresis hematológica que prácticamente han descartado el uso de sangre de banco heteróloga en las cirugías programadas, del nuevo enfoque preventivo de la terapia intensiva y no el uso dramático de la misma para evitar complicaciones. De la nueva enfermería, de la instrumentación, del diagnóstico por imágenes, de la hemoterapia y de los equipos médicos colegiados cuyos métodos se encuentran contemplados en un entendimiento integral y consensuado, acorde con los constantes controles de bio seguridad regidos por las actualizaciones que nos brinda la OMS, la FDA, el ANMAT, etc. Estos controlan la seguridad de nuestros métodos evitando así las complicaciones y permitir limitar, sectorizar y controlar en forma fehaciente los márgenes de error.
Ahora bien todo lo expresado se transforma en realidad si el paciente colabora con nosotros.
Si cumple con las indicaciones, si prioriza los lugares o ámbitos seguros, si respeta la experiencia de Equipos Médicos con antecedentes curriculares sólidos que se ajusten a las técnicas científicas autorizadas y que se rigen por las reglas internacionales de alto rendimiento y por las normas de regulación de instrumental y prótesis avaladas por normas internacionales de producción, control metalográfico y asepsia.
Así tendremos una mayor posibilidad estadística de éxito y menores posibilidades de complicaciones actuales y futuras.
Dr. Salvador J. Risolía
