
Se deja escapar, rompe barreras,
se escurre de los lÃmites tolerables
que la razón le impone. Vibran los labios.
Invade el pensamiento sin barreras, sin tropiezos
y estalla en la humana tolerancia con su risa batiente
en el espacio poblado por la pena, huérfana de esperanza.
El dolor es techo y piso, pared y barrote,
sinuosa vÃa.
Hueco, Sudor, Final…
No lo dejo crecer. Lo domino. Lo controlo. Lo intento.
Pero él espera. Su risa se apoca.
Lo siento aún en mÃ, agazapado,
con los brazos rodeando sus rodillas flexionadas.
Me mira por detrás. Avieso, confiado.
RÃe en silencio atemporal… Aguarda…
El dolor es amigo de las sombras,
dueño de los sueños y algunos despertares.
Cubre su rostro cuando encuentra mi esperanza.
Porque sólo de ella huye.
Porque la esperanza es aliada mÃa, con ejércitos de luz y dÃas de triunfos.
Pero ya se irá y será de nuevo él, el dueño de la noche.
Dolor… enemigo de la ayuda, enemigo del consuelo y enemigo de la fe.
Aliado del infierno, de la bruma, la tiniebla, del hedor…
El Señor nos prueba, es Su prueba.
Él nos deja vencer de a ratos en la contienda diaria,
que premia con purezas dulces, con alivios temporarios,
con mares y praderas sutiles y un aliento suave, perfumado, maternal…
en la oscura y frÃa noche inundada de temor.
Y ensayo de un sorbo a mis remedios, e imploro a mi ángel tibio y compañero, esperando el efecto relajante,
desde mi esencia pura de sublime y doliente soledad.
Salvador José RisolÃa
última actualización 18-09-2007
